Sobrevivir sin Uribe, el desafío que tiene el Centro Democrático

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Con poco más de seis años de vida política, el partido uribista se enfrenta a su mayor reto: triunfar electoralmente sin el exmandatario a la cabeza y buscar nuevos liderazgos. ¿Hubo errores del propio Uribe a la hora de abanderar su movimiento?

A diferencia de sus antecesores, que se la jugaron por un perfil bajo o un rol consultor tras dejar la Casa de Nariño, el expresidente Álvaro Uribe Vélez rompió el molde y -dejando de lado su fuero- se aventuró de frente hacia la política. Era 2014 y en medio de la confrontación con su sucesor, Juan Manuel Santos, consolidó lo que hoy se conoce como el Centro Democrático. Los resultados, al margen de cualquier consideración, son irrefutables. Sin embargo, su regreso a la arena política, ahora como senador, le garantizó poder, pero no inmunidad.

De allí que hoy esté contra las cuerdas por un proceso judicial ante la Corte Suprema de Justicia, que lo tiene no solo con detención domiciliaria, sino que lo obligó a renunciar a su curul en el Congreso, pese a ser el senador más votadode la historia. ¿Se equivocó al regresar al Senado? ¿Pudo haber impulsado su movimiento desde otros escenarios? ¿Fue un error montar el partido alrededor de su figura? Y quizá lo más relevante con miras a lo que se viene, ¿quién o quiénes pueden tomar sus banderas?

¿Error político o acierto electoral?

En las elecciones parlamentarias de 2014, y con un partido recién creado, Uribe se puso a la cabeza de una lista cerrada al Senado, haciendo elegir a 38 congresistas, incluyendo los de la Cámara, la mayoría poco conocidos. Cuatro años después, ya con una lista abierta, hizo elegir a medio centenar de parlamentarios, ahora destacados y con cierto liderazgo. Él mismo se volvió a postular, logrando nada menos que 891.964 votos.

Para la profesora Patricia Muñoz Yi, de la Facultad de Ciencia Política de la Javeriana, el expresidente sabía a lo que se atenía al regresar al Senado. Si bien iba a arrastrar a varios de los suyos, ello implicaba también renunciar a su fuero presidencial y quedar bajo la competencia de la Corte Suprema. “Llegó con alto nivel de popularidad y respaldo en la opinión pública. Como presidente, ninguna de las acusaciones que le hicieron prosperó, pero con la Corte, siendo senador, era otra cosa”.

En esa línea, Jorge Iván Cuervo, del Centro de Investigaciones de la Facultad de Gobierno del Externado, explica que lo que hizo Uribe fue romper una tradición no escrita en Colombia: que los expresidentes no regresan a la arena política y se vuelven líderes de partidos u opinadores de peso. Aunque admite que sin Uribe no hubiese podido consolidar su movimiento como lo hizo, le trajo líos como desgaste de su imagen y la incursión en debates que no le correspondían.

“Al volver al Senado afectó un intangible: su dignidad presidencial. Y ahora vuelve a renunciar al fuero de ser investigado por la Corte y quiere ser investigado por la Fiscalía. Está en su derecho, pero no corresponde con la majestad presidencial. Ahora, deja en líos a su partido, porque va a desatar peleas por su liderazgo. Uribe es un poco rehén de su electorado. Creo que si fuera por él, se retiraría, pero le exigen estar al frente del cañón”, dijo.

A su turno, el profesor del Rosario y analista político Mauricio Jaramillo, cataloga como un error el regreso de Uribe al Parlamento, pues considera que hubiese sido mejor su legado de la Seguridad Democrática. “Lo están juzgando por un delito que habría cometido como senador, no por algo que hizo como presidente. No se supo retirar”, explica.

El prisma uribista y los ojos más aptos para ver por él

El proceso judicial contra Uribe y su decisión de renunciar abren la discusión sobre los parlamentarios que, ante su ausencia, podrían resaltar con más protagonismo en el interior del Centro Democrático. Preguntarse por ese asunto tiene peso, precisamente por el rol que ha cumplido el expresidente en la constitución de una fuerza política que se ha basado, desde su creación, en su persona y su capacidad de liderazgo. De alguna manera, su partido ha quedado acéfalo sin él sosteniéndolo. Ante eso, los legisladores uribistas saben que necesitan reorganizarse, así las decisiones de la colectividad sigan girando alrededor de su máximo representante.

Nubia Stella Martínez, directora del partido, aseguró que la respuesta inmediata de los militantes y congresistas ha sido unirse más que nunca y adoptar una reacción estratégica para enfrentar la coyuntura. Por un lado, explicó que hay un grupo amplio en el que confluyen varios de la entraña del partido, como José Félix Lafaurie, Óscar Iván Zuluaga, Sergio Araújo, Samuel Hoyos, Rafael Nieto, entre otros, para sortear la crisis. Además de ese, conformaron un comité ejecutivo con menos miembros para tomar decisiones, liderado por Tomás Uribe, hijo del exmandatario, y que incluye a varios de los anteriormente nombrados, a los voceros de las bancadas de Cámara y Senado, a Ernesto Macías “como parte del Gobierno” y la propia Martínez, contó.

Sin embargo, argumentó que “no se está destacando uno u otro, todos están pendientes”, y que esa pregunta sobre quién tomará la bandera al menos desde el Congreso se resolverá después. Varios concuerdan en que no hay, todavía, una personalidad con suficiente fuerza para tomar ese lugar. Por ejemplo, el representante Gabriel Vallejo comentó que si bien Uribe siempre fue respetuoso de la voz de sus copartidarios, indudablemente “marcaba una línea”. “Hablar de figuras que equiparen al expresidente, no creo que haya. En el escenario legislativo, Uribe enriquecía mucho las discusiones y va a hacer mucha falta. Vamos a seguir con proyectos como el ingreso solidario, los temas laborales y de seguridad, pero No creo que en los dos años que faltan aparezca alguien con su talante”, recalcó.

Sobre todo porque, según el representante, algunos de los congresistas del Centro Democrático son de orígenes distintos al político. Muchos son empresarios y apuntó a nombres como el de la misma Martínez, Fabio Valencia Cossio y Óscar Iván Zuluaga como las luces que deben acompañar el reacomodoque necesita la colectividad. “El presidente no se ha muerto y seguirá siendo el líder. El partido está lleno de figuras inteligentes y seguiremos defendiendo nuestras ideas, su legado. Iremos avanzando por un camino en el que cada uno pueda brillar y seamos disciplinados”, manifestó la senadora Paloma Valencia.

Ante el vacío de una figura como la del exsenador, muchos preguntan por una pieza: Tomás Uribe Moreno. Si bien se ha comentado que cada vez está más metido en las cuestiones políticas, por ahora la decisión de tomar las riendas no está en el panorama. “Su figura es un enlace con la familia del expresidente, una persona que da confianza y garantías, pero no creo que tenga aún interés político”, recalcó Vallejo. A su vez, Valencia lo consideró como alguien “bienvenido” al partido, y Martínez como “un hombre grande que genera admiración y gratitud”, pero que no está tan claro en el mapa.

Sin muchas respuestas sobre nuevos liderazgos, así se encuentra el uribismo, un partido en el que su mayor elector ha dado un paso al costado, algo que no lo deja por fuera del todo, pero que le obliga a repensar sus posibilidades.

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