Mafias transnacionales y colapso después del COVID-19: una propuesta para el Cauca

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«El espectáculo macabro e inclemente de sangre y muerte que azota a las comunidades más vulnerables y desprotegidas del departamento ha tocado fondo»

Es momento de decirlo sin el más mínimo atisbo de eufemismo: el acuerdo de «paz» fracasó en el Cauca, y de ello son tan culpables Santos y su gobierno como Duque y el suyo.

El primero porque en su afán histriónico de hacer historia se vendió a sí mismo la errática idea de que el propósito primordial era lograr la firma del acuerdo con las FARC, al precio que fuere, y olvidó —dolosamente— que la historia colombiana ha mostrado una y otra vez que ningún proceso de «pacificación» es sostenible si no va simultánea e inmediatamente acompañado de un amplio y efectivo proceso de presencia y cobertura integral y transversal por parte del Estado en los territorios, sobre todo tratándose de los territorios periféricos siempre proclives a caer en manos de las diversas formas de crimen y violencia. Santos, una vez obtuvo su tan anhelado Nobel, sació su desmesurada y voraz ambición de «hacer historia» y decidió dejar el resto en manos del incierto y aleatorio destino. Tan es así que ni siquiera se la jugó a fondo por facilitar la llegada de un gobierno afín al proceso. Ya tenía el Nobel en sus manos, ya nada más importaba.

En lo que al gobierno de Duque respecta, era obvio y esperable que harían todo lo humana y constitucionalmente posible para implosionar el acuerdo, recurriendo a todas las tretas y leguleyadas posibles (retrasar, aplazar, incumplir, reconfigurar, desmontar, interpretar, etc.).p Eero eso, valga la pena reiterarlo, era esperable, dado que si la obsesión de Santos era el Nobel, la del uribismo es destrozar con sevicia casi sociopática el legado del laureado expresidente.

Y así, en medio de este patético tire y afloje, ocurrió lo que era de suyo inexorable: el crimen organizado nacional y transnacional aprovechó el vacío de Estado y la confusión reinantes para copar —con la implacable eficacia del plomo y el dinero fácil— los corredores geoestratégicos para cada uno de sus «negocios malditos». En ese orden de ideas, la joya de la corona es el departamento del Cauca, geoestratégico como ningún otro por estar atravesado a lo largo de su agreste orografía por múltiples corredores que intercomunican al centro y el oriente del país con el océano pacifico, pasando por las cordilleras central y occidental y el valle interandino. Y como si esto fuese poco, es también el Cauca el quinto departamento más pobre del país, regentado de forma casi feudal por una clase dirigente mediocre y corrupta como pocas, sumido en la miseria y escenario de atávicos conflictos interétnicos y de tierras.

En pocas palabras, el Cauca es uno de los territorios más propicios para que las nuevas expresiones del crimen transnacional lo conviertan en su más preciado feudo y botín, lo cual lo deja en el peor escenario posible.

Y en esto es necesario ser absolutamente claro: lo que nadie se atreve a aceptar de frente es que el Cauca ya se encuentra listado por los sanguinarios carteles mexicanos y los GAOR como parte inherente de sus «activos estratégicos», y para estos despiadados agentes del crimen el digno pero atemorizado y empobrecido pueblo caucano solamente puede ser clasificado en dos únicas categorías: esclavo o enemigo.

Las consecuencias de todo lo anteriormente descrito están a la vista de todos: proliferación de cultivos ilícitos, aumento sustancial en la producción de narcóticos, combates y desplazamientos, asesinatos de líderes de los movimientos sociales, campesinos e indígenas, copamiento territorial por parte de las mafias, sojuzgamiento de la población al aparato productivo de la ilegalidad, reclutamiento de jóvenes, proliferación de la cultura de la violencia y el dinero fácil, transformación de Popayán en centro de operaciones, testaferrato y lavado de dinero por parte de las diversas mafias, entre otras.

Sin embargo, lo peor aún no ha llegado, porque la cruda verdad es que ante la indolencia y la incapacidad de los distintos niveles de gobierno (locales, regional y nacional), el Cauca está a solo un par de pasos de transformarse irremediablemente en una región fallida, tal y como lo podemos ver ya en varias regiones mexicanas (Sinaloa, Jalisco, Juárez, etcétera), porque la estrategia de las mafias mexicanas es tan efectiva como sangrienta: aterrorizar a la población mediante tácticas de guerra sicolôgica y amplio poder de fuego, copamiento territorial, adoctrinamiento de la población joven valiéndose de su pobreza y del resentimiento ante el abandono por parte del Estado y, finalmente, cooptación del poder político y social aprovechándose de su infinita capacidad económica. El Cauca, reitero, está a solo un par de pasos de caer definitivamente en este laberinto sin salida.

Pero como si todo lo anterior no fuera ya suficientemente delicado, ahora, con los efectos derivados del COVID-19 y el inexorable colapso económico y social que se avecina, el horizonte se torna sobrecogedoramente oscuro, porque de la miseria generalizada que sobrevendrá al virus serán precisamente estas mafias transnacionales una de las mayores ganadoras, puesto que en donde campean la pobreza y la desesperanza el crimen organizado se entroniza con toda facilidad.

Ahora bien, atinar en un diagnóstico claro y sin miedos es importante, pero jamás suficiente. La pregunta que es realmente urgente de hacer y responder es: ¿qué hacer?

Por ello es necesario brindar algunas luces o ideas al respecto, enfatizando en que nada será suficiente hasta que todas las fuerzas vivas de la región, todas sin excepción alguna, dejen a un lado sus mezquindades, egoísmos, desconfianzas, prevenciones e intereses particulares, y se unan en torno de un par de propósitos colectivos: salvar al Cauca de las garras del crimen organizado y de las mafias, y encontrar una salida viable y sostenible al colapso estructural pos COVID-19 que ya viene en camino.

Dicho esto, algunas acciones concretas y viables podrían ser las siguientes:

1. Que la sociedad civil, las organizaciones sociales, los gremios económicos y productivos, las organizaciones de base comunitaria, la academia y las diversas confesionalidades religiosas convoquen un cabildo abierto regional, para ponerse de acuerdo en torno a un gran «Pacto por el derecho a la vida, la seguridad integral y la reactivación económica, productiva y social». Y en este punto es fundamental hacer énfasis en que las dimensiones y la complejidad de la crisis actual y por venir, hacen imperativo que los diversos actores de base de la sociedad caucana (organizaciones campesinase indígenas, asociaciones productivas, empresarios, gremios, academia, etcétera) deponga sin condicionamiento alguno sus diferencias y se siente a la mesa con generosidad de espíritu, sentido de historia, talante conciliador y sin ninguna pretensión u oscuro interés político o politiquero.

2. El pacto resultante deberá compuesto por un conjunto amplio, de alto impacto y claramente viable de estrategias de consenso regional sobre los temas fundamentales (protección integral comunitaria y ciudadana, lucha estructural contra las mafias, lucha estructural contra la pobreza y reactivación integral pos-COVID-19). Así mismo, estas estrategias se desarrollarán a través de un plan estratégico de mediano plazo (2020-2040), en el cual se priorizarán los grandes programas y proyectos de región que harán posible primordialmente tres propósitos: que el Cauca se blinde estructuralmente de las mafias y del crimen organizado a través de la generación sustentable de equidad, productividad y competitividad. Que la nueva estrategia esté basada en un trabajo mancomunado, sinérgico y generoso entre las diversas etnias, sectores y actores de base de la sociedad caucana. Que se contemple un conjunto multidimensional, transversal y multipropósito de acciones que hagan posible que el Cauca pueda superar exitosamente la catástrofe pos-COVID-19.

3. Solamente estando ya definidos el gran pacto regional y su respectivo plan estratégico, se entraría a una fase de retroalimentación institucional integral con los gobiernos nacional, departamental y locales, e igualmente con la dirigencia política regional, asegurando con ello las necesarias sinergias financieras, administrativas y operativas necesarias para que el pacto tenga dientes.

4. Una vez que el pacto y su subsecuente plan estratégico de materialización estén plenamente retroalimentados y establecidos, como hito histórico de gran acuerdo regional de base ciudadana y social, deberán buscarse los mecanismos constitucionales viables para que el pueblo caucano pueda ratificarlo en las urnas y establecerlo como mandato ciudadano al que deberán subordinarse los futuros gobiernos tanto de la nación como departamental y los locales.

Esta es, evidentemente, una primera aproximación conceptual a una problemática de corte netamente estructural, y de una complejidad sistémica tal que en un primer momento puede parecer un acercamiento utópico. No obstante, es preferible empezar por vislumbrar y plantear utopías en vez de permanecer en actitud pasiva o negacionista cuando lo que se está configurando ante nuestros incrédulos ojos es ni más ni menos que la peor de las distopías a las que alguna vez se haya enfrentado el ya de por sí suficientemente agobiado y martirizado pueblo caucano.

Tomado de Las Dos Orillas.

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