lugares para visitar en Colombia y disfrutar lo mejor de los producto hecho a base de café

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¿Con ganas de volver a viajar? Este es un recorrido entre fincas cafeteras, bosques de niebla, pueblos coloridos, palmas de cera, historias y café. Un viaje para reconectarse con lo más autóctono, respirar, aprender y disfrutar de uno de los productos insignias de Colombia de manera consciente, responsable y sostenible.

Sobre el valle de Risaralda, en medio de la naturaleza exuberante, en el corazón del paisaje cultural cafetero, se encuentra Sazagua, un hotel boutique, restaurante y spa que cuenta con 17 habitaciones rodeadas de verde, sonidos naturales, visitantes emplumados, olores frescos y arrullo nocturno de la tierra.

Atendido por personal cálido y de la región, Sazagua rinde homenaje a la historia del territorio, reconociendo a nuestros antepasados los Quimbaya y valorando la labor de los campesinos de la región.

La gastronomía del hotel también se destaca. “En nuestro placer por compartir y disfrutar, traemos los mejores productos, de nuestras montañas, valles y los dos océanos. Somos una esquina única en el norte del sur, y nosotros justo en el centro”, dicen.

En el restaurante de Sazagua convergen todos los caminos de los territorios colombianos y ese es el reflejo de sus menús, su afán es construir nuevos sabores a partir de la tradición, pero sin miedo a ir más allá, son viajeros pensando en viajeros y este es el trazado de su ruta gastronómica. “Ofrendamos a nuestra vida a través del comer”, aseguran.

Por su parte, el spa es un espacio que lo lleva al encuentro con lo más sagrado de su ser. Inspirados en la cosmovisión Quimbaya y las tradiciones cafeteras, diseñaron experiencias de autor, entregadas a través de rituales y terapias que desintoxican la mente, equilibran las emociones y relajan el cuerpo.

El turismo consciente es clave para Sazagua, por eso evocan sus experiencias en “el tributo”, como una acción social enfocada en las familias campesinas y caficultoras de la región, herederas de saberes ancestrales.

De esta manera invitan a cada visitante a rendir tributo al trabajo de las manos que labran la tierra, las que producen café, las que cuidan la naturaleza y las que tejen arte.

“Así devolvemos un poco de equilibrio a las comunidades y recordamos la importancia del ser humano en relación con la tierra, esa que un día nuestros antepasados nos enseñaron a cuidar”, aseguran.

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