¿Es posible construir la identidad del centro político? Análisis

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Dada la polarización extrema, el centro político colombiano está ante una oportunidad inmejorable para liderar la transformación institucional del país, pero por desgracia no sabe cómo hacerlo. Después de la recordada Ola Verde, no encuentra el camino, incurre en errores tácticos, vacíos de fondo y vicios de procedimiento, ya tradicionales en los partidos de derecha e izquierda. Y no hablo de corrupción.

Comienzo por aclarar que, en la política, el centro no es una apuesta ideológica en sí misma. Es la expresión del “justo medio”. En la teoría, responde a la muy relegada ética kantiana según la cual, el interés de lo público debe ser edificado por todos aquellos que, sin importar sus intereses o deseos personales, construyan y trabajen de manera solidaria en función del interés colectivo.

En la práctica, es una salida efectista para quitarse la mugre de la política tradicional y desmarcarse de la polarización. Es una opción de movilización electoral alternativa para los actores políticos, partidos y movimientos simpatizantes moderados de las ideologías ubicadas a los extremos. Todo en procura de aportar al arte de gobernar, pero asumiendo una postura en apariencia imparcial, ligera en contenido y sin el lastre de la historia que tienen las demás fuerzas electorales.

Cuesta creer en la solidez de una opción de centro que se construye sin filtros desde los cuatro puntos cardinales. No es del todo verosímil que un puñado de quienes se ubican allí, decidieron en medio del viaje bajarle la velocidad al sectarismo o, sencillamente y por un repentino ataque de moral, se apartaron de “la empresa” de bandera azul, roja o amarilla, que en un inicio auspició su aventura política.

Bien cierta es la frase que asegura que la política es dinámica. Que no obstante las motivaciones individuales, los vaivenes de la opinión o algún fracaso consumado en alguna contienda, el centro tiende a ser un refugio seguro, una segunda oportunidad, un face lift, trivial por momentos o utópico, surrealista e irrealista por otros.

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