El lío para llevar clases a la selva en medio de la pandemia

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En Guaviare la educación se mueve en motos y en lanchas en las que llevan las guías escolares.

En el Guaviare, el internet es un privilegio de unos muy pocos. Por lo demás, las comunicaciones corren en medio de la selva en botes, a lomo de caballo o en motos.

Por eso, la pandemia prácticamente obligó a las autoridades educativas de la región, a los profesores, a los padres de familia y a los propios estudiantes a reinventarse, a buscar la manera de llevar la educación a la zona rural, ahora atemorizada por el covid-19.

Mientras que en Bogotá y otras ciudades del país, tras la llegada de la pandemia, la solución fue el trabajo y las clases virtuales, esto en el Guaviare era algo absolutamente inviable. La razón: solo en los cascos urbanos hay internet. Y no es el mejor.

Y en todo el territorio hay 17.471 estudiantes.

Ahora, cuando se busca empezar a llegar a la nueva normalidad, solo 11 de los 30 establecimientos escolares que hay en la zona rural están dispuestos a retomar clases de manera semipresencial. Es una decisión de los padres enviar a sus hijos, y muchos tienen miedo. Pero hoy, si bien las escuelas y los 48 internados rurales del Guaviare están cerrados, las clases no se han detenido. Las guías (textos para estudio y evaluación) se han convertido en el método de estudio.

Mientras que en algunas zonas urbanas como El Retorno y San José se trabaja una parte por medio de redes como WhatsApp, mensajes de texto y a través de internet, en el 70 por ciento del departamento es por guías y textos físicos.

Los internados rurales

El Guaviare puede ser uno de los departamentos del país que tienen más internados o residencias escolares: son 46. Hay alrededor de 2.400 jóvenes internos y unos 1.300 seminternos.

Si bien estos centros educativos en la mitad de la selva o a orillas de los ríos siguen cerrados, sus estudiantes también trabajan con guías.

Pero como para ellos estaba contratada por todo el año la alimentación escolar, que se les daba a los internos en los planteles, pues el asunto tampoco ha sido sencillo.

Lo que se determinó es que a cada estudiante se le entrega una ración para que la lleve y la prepare en su casa. Es así como una vez al mes, en las fechas fijadas, los padres van hasta el internado para reclamar estas raciones.
Algunos viven a más de dos días de recorrido del plantel.

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