Empanadictos ¿ramos de flores por ramos de empanadas?

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Daniel Riaño Peña es el creador de Empanadictos, una empresa que invita a disfrutar de esta comida.

¿Quién le dice que no a una empanada? ¿Quién no se ha sentado con sus amigos o con el amor de su vida a disfrutar una? Compartir una comida es algo que nos une, pero comer empanadas es toda una tradición para los bogotanos. En los puestos ambulantes, en la panadería del barrio, en la cafetería de la universidad, ninguna hora es mala para disfrutar de este plato típico.

Pero ¿usted se ha imaginado cambiar los ramos de flores por ramos de empanadas? Ese es el motor detrás de Empanadictos, una empresa bogotana que cambió el discurso detrás de una de las comidas que todo colombiano ha probado por lo menos una vez en su vida, para convertirla en una declaración de amor.

La historia de Empanadictos comenzó con una de las frases que todos hemos escuchado alguna vez en la vida: ‘Haga lo que más se vende: empanadas’.

Detrás de la marca está Daniel Fernando Riaño Peña, un publicistas bogotano que pasó más de la mitad de su vida trabajando en reconocidas agencias. Su mundo era el marketing, las ventas y los negocios, hasta que un día perdió su trabajo, y ahí comenzó lo que se convertiría en el trabajo de su familia.

Para esa época, Daniel tenía una novia a la que no le gustaban las flores, y él, como buen creativo, decidió cambiarlas por empanadas. “Ahí comenzó la aventura. Todo el mundo se considera empanadicto, y decidí inventarme un concurso para premiar a la persona que más las amara”, cuenta.

El concurso generó mucha curiosidad. Algunos lo consideraban una clase de broma o meme, y dos años después de ese episodio Daniel ya ha vendido más de 4.000 ramos de empanadas.

El negocio fue una revolución. Causó tanto furor que los ramos ya han servido hasta para pedir matrimonio. Siete parejas han decidido pasar el resto de sus vidas juntos, impulsados por un detalle de amor: un ramo de empanadas.

Y eso no es todo. Bajo el lema de que todo buen colombiano siempre le dice que sí a una empanada, Daniel se inventó el ‘certificado del perdón’.

En Navidad, Empanadictos convirtió sus ramos en un mensaje de perdón. La idea, que nació en un trabajo conjunto con estudiantes de publicidad de la Universidad Central, era que las personas enviaran un ramo para pedir disculpas y quien lo recibía debía llenar un certificado. “El documento decía que todo estaba olvidado y que el perdón era de corazón”, recuerda Daniel.

Después llegó su participación en Shark Tank (Nadando con tiburones), un famoso programa de televisión en el cual reconocidos inversionistas buscan emprendimientos innovadores y exitosos. Empanadictos clasificó y Samy Bessudo, el empresario dueño de Aviatur, decidió invertirle a las empanadas para crear un sólido negocio.

Todo iba viento en popa, el siguiente paso era abrir puntos físicos. Pero llegó la pandemia y le dio media vuelta al futuro del emprendimiento. Daniel tuvo que parar un tiempo. Bogotá entró en cuarentena, las fábricas cerraron y todo pareció detenerse por unas semanas.

“Mientras eso pasaba, la gente nos seguía escribiendo, llenamos una base de datos para poder avisarles a los clientes cuándo volveríamos”, dice Daniel.

Cuando comenzó la apertura económica escalada, la empresa familiar se armó con protocolos de bioseguridad y más fuerzas para volver a trabajar. “Nos escribían mucho, la gente tenía el antojo de volver a disfrutar de la empanada que se comía en el trabajo o en la universidad”, dice.

Los ramos de empanadas en la cuarentena han servido para reencontrarse en la distancia. Y como repite Daniel, “no con cualquiera se comparte una empanada, y no a cualquiera se le sorprende con un ramo”. Una vez más nuestra comida típica se convierte en un mensaje de amor.

Hoy, Empanadictos es una empresa familiar. Johanna Riaño, hermana de Daniel; José Riaño y Claudia Peña, sus papás, trabajan todos los días para seguir llevando la alegría de las empanadas a todos los rincones de Bogotá. Tienen domiciliarios, que llaman ‘Cómplices de entregas’, y todo un equipo de producción. Y, por supuesto, ‘empanadealers’, clientes fieles que aman las empanadas y las promocionan.

Tomado de El Tiempo.

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