30 años del asesinato de Carlos Pizarro.

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La mañana del 26 de abril de 1990, minutos antes de subir al avión que lo llevaría con destino a la costa, Pizarro era la noticia del día, ya que su nombre aparecía en las encuestas entre los candidatos presidenciales con mayor opción para ganar las elecciones del 26 de mayo, una consolidación que alcanzó tras liderar el último acto en armas de la guerrilla del M-19 el 3 de marzo de ese año en Santo Domingo, Cauca.

Pizarro Leóngomez nació en Cartagena el 6 de junio de 1951, en el hogar de Juan Antonio Pizarro, un ilustre almirante de la Armada Nacional, y de Margot Gómez. En 1969 ingresó a estudiar a la Universidad Javeriana, de la cual fue rápidamente expulsado por empezar a liderar ideas de izquierda y una huelga.

Luego ingresó a la Universidad Nacional, en donde lideró el movimiento estudiantil desde las Juventudes Comunistas de Colombia (Juco). Su paso definitivo a la insurgencia lo dio en 1972, cuando ingresó a la guerrilla de las Farc, en donde permaneció muy poco tiempo.

En septiembre de 1973, junto a otros guerrilleros y líderes de izquierda, entre ellos Jaime Bateman, Iván Marino Ospina, Vera Grabe, Álvaro Fayad y Luis Otero Cifuentes, lideraron la consolidación del M-19, una insurgencia más urbana e intelectual.

Desde ese momento, Pizarro junto a Jaime Bateman se convierten en los hombres fuertes del M-19. De los golpes que se recuerdan de esa insurgencia estuvieron el robo de la espada del libertador Simón Bolívar, en 1972, y el robo de más de 5000 armas del Cantón Norte del Ejército Nacional en diciembre de 1978.

En 1979 fue detenido durante el gobierno del liberal Julio César Turbay, quien caracterizó su administración por el llamado Estatuto de Seguridad, la estrategia militar con la cual enfrentó a las guerrillas de las Farc y del M-19. Ya en el gobierno del conservador Belisario Betancur, que siempre buscó conseguir la paz, Pizarro quedó en libertad gracias a la amnistía que decretó para ese propósito.

Por unos años, Pizarro dejó de ser un referente de la insurgencia en el país, debido a su viaje a Cuba, en donde se afianzó políticamente en las ideas de izquierda. La comandancia del M-19 la asumió en 1983 cuando en un accidente de avioneta murió en Panamá Jaime Bateman Cayón.

La lucha por la paz, que fue su bandera hasta el día de su muerte, la demostró al coordinar la mesa de negociación que tuvo el M-19 con el gobierno de Betancur, sin embargo varios atentados a miembros del M-19, entre ellos uno a su compañera Laura García y la toma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985, cerraron la posibilidad de paz en ese gobierno.

Pizarro lideró las conversaciones de paz con el gobierno de Virgilio Barco en 1988,cuando  el país era golpeado duramente por el terrorismo que comandaba el capo del narcotráfico Pablo Escobar, guerrilla y gobierno Barco avanzaron al punto que el 9 de marzo de 1990 se dio la desmovilización liderada por Carlos Pizarro.

El liderazgo al frente del M-19, la consolidación como referente de paz, su elocuencia al hablar y la creación de la Alianza Democrática M-19 como partido, llevaron a que Carlos Pizarro se convirtiera de inmediato en candidato presidencial,

Rápidamente Pizarro consolidó su imagen, además de ser una figura atractiva que le llevó a que lo llamaran el ‘Comandante papito’, Pizarro cosechó muchas frases por la paz, una de ellas “Para que la vida no sea asesinada en primavera” y el eslogan de su campaña “Palabra que sí”, que la misma la acogió Antonio Navarro, quien asumió las banderas políticas tras su asesinato el 26 de abril.

Después de pasar la mitad de su vida metido en el monte, Pizarro estaba convencido de que negociar la paz era el punto de partida para la transformación de Colombia y por eso se había decidido a dar ese paso  a pesar de también estar seguro que al firmar la paz firmaba su sentencia de muerte.

«Hay un momento en que Carlos toma la decisión muy en serio de la paz en Colombia, lo había intentado hacia mediados de los años 80, luego vino ese momento durísimo (de la toma) del Palacio de Justicia (por el M-19) pero cuando Carlos en el año 89 toma la decisión por la paz es absolutamente radical y se juega completamente por eso», dijo a Efe el presidente de la Comisión de la Verdad, el sacerdote jesuita Francisco
De Roux, que fue amigo y profesor de Pizarro en la Universidad Javeriana de Bogotá, explicó que el comandante del M-19 estaba tan convencido de la paz que «por eso deja la montaña y se viene con toda la decisión a correr todos los riesgos» que implicaba el paso a la vida política.

En los meses previos al asesinato otros dos candidatos presidenciales que también representaban opciones de cambio en el país habían caído bajo las balas asesinas.
Primero fue el liberal Luis Carlos Galán, el 18 de agosto de 1989 durante un mitin en la localidad de Soacha, al sur de Bogotá, y siete meses después, el 22 de marzo de 1990 en la terminal Puente Aéreo del aeropuerto El Dorado, fue asesinado Bernardo Jaramillo Ossa, del partido de izquierda Unión Patriótica (UP), víctima de un genocidio que costó la vida a más de 4.000 de sus militantes.

El prestigio que Pizarro acumuló como comandante guerrillero se convirtió en masivo apoyo popular cuando en el caserío de Santo Domingo, en el departamento del Cauca, en el acto de dejación de armas, entregó su pistola envuelta en una bandera nacional «por la paz y la dignidad de Colombia», y entró de lleno en la política con su infaltable sombrero blanco con una banda negra alrededor de la copa


«Tenemos la posibilidad de partir en dos la historia de Colombia con un solo objetivo: unir a los colombianos. Ofrecemos algo elemental, simple y sencillo: que la vida no sea asesinada en primavera», dijo en abril de 1990.

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